Por los pasillos se comenta…

El ser humano es, en esencia, un ser social. De más está decir, que esta premisa debería ser tomada muy en cuenta para evaluar el clima laboral de las instituciones, ya que lo que se habla en los “pasillos” es un claro indicador de qué anda pasando en la esencia de las mismas.

El hecho que se escuchen comentarios (generalmente de tipo negativo), habla –y mucho- del lugar.

Al decir las cosas comunicamos, y al no decirlas también lo hacemos. Paul Watzlawick lo resumiría con uno de sus famosos axiomas: “es imposible no comunicarse”.

¿Por qué será que los empleados eligen la vía de los pasillos para poder abordar aquello que los aqueja?, ¿quizá no encuentren un oído que escuche o un hombro que sostenga?

La prioridad de las empresas debería ser facilitar canales de comunicación (aunque los comentarios no sean de esos que uno quiera y guste escuchar), antes de generar aquellos comentarios de pasillos que son los más letales y lapidarios para el existir de la entidad.

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Cambios en las empresas: ¿a qué nos exponemos y cómo los enfrentamos?

El movimiento en las instituciones y empresas es bastante dinámico. Unos vienen, otros se van, cambian las políticas, los dirigentes, las autoridades, los empleados de maestranza.

Y en algún punto, es positivo que aquello suceda. No solamente para el beneficio de la propia entidad, sino también para los propios empleados.

Ahora, ¿cómo solemos observar este tipo de cambios?, ¿estamos abiertos a las consecuencias que aquello pueda traer aparejado? (y cuando hablamos de “consecuencias” no necesariamente debemos asociarlo a cuestiones negativas), ¿qué pasa cuando entra “el chico nuevo” y se va nuestro viejo compañero de oficina?

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Botón anti pánico

Los seres vivos fuimos dotados con mecanismos de supervivencia, los cuales en alguna medida nos permiten seguir subsistiendo, a pesar de las adversidades.

“El camaleón, el camaleón, cambia de colores según la ocasión”, versaba una canción argentina hace un par de décadas, y no se equivocaba: su variación de matices le facilita camuflarse entre las hojas ante una posible amenaza, pasando desapercibido para su captor.

Los humanos poseemos un mecanismo similar: el miedo. Ante una amenaza, el individuo automáticamente huye (o al menos lo intenta…)

Un miedo objetivo y proporcional a la amenaza, es sano; mientras que el subjetivo y desproporcional al peligro (sin objeto), se transforma en patológico y posiblemente derive en una fobia.

El miedo es diverso y toma diferentes formas. Sin dudas, la historia personal de cada individuo, condiciona en gran medida este factor. Podría ser una situación traumática, persona u objeto significativo. Aunque en realidad, la mente es la raíz de todos los temores. Allí radica la clave: la percepción personal y el significado que cada uno le otorgue a dichos sucesos.

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