Trabajo joven: ¿A qué distancia de la escuela queda un trabajo que te guste?

Desde que se egresa de la escuela secundaria hasta que se consigue un trabajo en blanco la mayoría de las personas van pasando por bastantes entrevistas y variados tipos de trabajos con características que no suelen ser las más óptimas. La pregunta que nos hacemos en esta nota es: ¿Qué lugar hay para los y las jóvenes en el mundo actual del trabajo?

En el presente ocurre un fenómeno interesante que tiene que ver con el mundo joven. Además de que el rango etario de la juventud ha ido alargándose, también sucede que han ido ganando poder, desde distintos puntos de vista. Se escucha en algunas personas de otras generaciones decir que “los chicos de hoy no quieren trabajar”, pero destaquemos sobre esto último, que lo que ellos llamaron trabajo hoy está claro que refiere al trabajo precarizado donde el abuso laboral, por ejemplo, era moneda corriente. Volviendo, la consecución de este poder tiene que ver con que ya no se busca el modelo ideal en las generaciones anteriores. Ahora, como se puede ver en la política, los deportes y el mundo artístico, las juventudes tienen a sus ídolos entre sus filas ¿Qué necesita entonces la juventud para poder acceder a puestos de trabajo estables? Más abajo te lo contamos.

En estas generaciones, la desocupación es experimentada como el retraso en la entrada a la vida adulta. En este aspecto, es de vital importancia para la formación de la identidad de cada persona joven que la comunidad le responda y le dé funciones y consecuentemente status. En este sentido, hoy asistimos a una versión privatizada de la modernidad -la posmodernidad- compleja y exigente, donde el peso de la construcción de pautas y la responsabilidad del fracaso caen sobre los hombros del propio individuo. El desempleo le quita a la persona la posibilidad de proyectarse en un futuro, generándole a su vez una fragmentación social y subjetiva. Entendiendo esto es de vital importancia la incorporación de esta población al trabajo asalariado.

El problema del desempleo juvenil sin duda ha preocupado a los gobiernos, pero aún hoy no ha encontrado soluciones alentadoras. Por ejemplo, en el 2018 el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires convocó a una feria titulada “Expo empleo”. Allí asistieron más de 10 mil jóvenes de los cuales sólo el 1% resultó elegido para un trabajo en blanco (datos Diario Argentino). Las ofertas de la feria consistían en pasantías ad honorem. En la misma nota se comenta que anteriormente “los jóvenes entraban a las empresas como aprendices y ese proceso de formación se realizaba dentro de la empresa. Hoy es distinto, las empresas buscan a trabajadores ya formados”

El trabajo que gusta queda cada vez queda más lejos. Frente a esta distancia: ¿Qué lazos se tejen de la escuela al trabajo? ¿Existe orientación o asistencia vocacional para adquirir información y poder elegir? Sabemos desde la psicología que cuando un adolescente elige una vocación, no elige una carrera. La carrera tiene un principio y un fin por el contrario, la vocación es otra cosa. Desde el latín la palabra vocare remite a un llamado interno y uno externo: la propia identidad y la necesidad del ambiente, respectivamente. Por ejemplo: ¿Qué trabajos son los que se necesitarán en los próximos años? Podría ser notoria la influencia que esa pregunta tendría sobre cualquier trayectoria educativa que, al conocer la respuesta, orienta sus estudios oportunamente.         

¿Por qué cuesta tanto la inserción laboral de las y los más jóvenes en el mundo del trabajo?

Un fenómeno que se observa hoy en día es el significado mayormente estético que el trabajo adquiere, tal es así que asistimos al auge de las redes sociales y de la producción de contenido virtual en relación a cada trabajo. No basta con ser peluquero, sino que las ventas, tu clientela y por lo tanto autoestima irán en aumento con un correcto diseño en las redes. La pregunta que suena: ¿Cuánto de esto se aprende en las escuelas? Lo que ocurre en las escuelas secundarias en relación a las prácticas laborales podríamos decir que peca de insuficiente pero también podemos pensar, ¿qué sabe la educación del mundo del trabajo? o cambiando de posición, ¿qué sabe el mundo del trabajo del mundo educativo? Esto no es una crítica sino una enunciación. Es preciso no sólo crear más empleo, sino transformar las raíces culturales y educativas que motivan y alientan la desocupación juvenil.  

Concluyendo, Fernando Flores -especialista chileno- señala: “La educación deberÍa preparar gente con la capacidad de inventar mundos, de hacerse cargos de ellos e interpretarlos”. Por lo escrito, es preciso crear y sostener una nueva cultura del trabajo que incluya sí la economía, pero primordialmente desde las escuelas fomentar la construcción de un sujeto con la identidad como su producto más creativo y valioso, para sí mismo y para la sociedad.

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Pedro Schargorodsky

Soy Pedro Schargorodsky, tengo 25 años y soy Licenciado en Psicología (UBA).
Trabajo actualmente en educación inclusiva y también soy Ayudante de Cátedra en Psicología Educacional en la Universidad de Buenos Aires. La educación es un
espacio de hacer y construir continuo que me motiva. Por esto -luego de
especializarme- conformé un equipo de trabajo en Orientación Vocacional y hace más de un año trabajamos con jóvenes en el descubrimiento no sólo de sus futuras carreras, sino también ayudándolos a que dejen atrás miedos y dándoles herramientas para que desarrollen su potencial.
Nos pueden encontrar en Instagram: @vocacion.art.

Durante la cuarentena comencé a realizar talleres
sobre “Ansiedad y emociones” y es algo que fue creciendo porque la gente así lo decidió. Creo que el rol de la psicología siempre fue paliativo y es hora de que sea preventivo en pos de mejorar la salud mental de las personas.
Busco proyectos para seguir creciendo y mientras tanto
escribo. Los invito a contactarme: pedro.schargorodsky@gmail.com

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