Liderazgo femenino: El momento es ahora

El avance de las mujeres en diversos ámbitos durante las últimas décadas nos permite hablar hoy de una particular manera de ejercer el liderazgo. Un liderazgo femenino que vivido por nosotras adquiere características distintivas y nos anima a valorar lo que somos y lo que aportamos a nuestras comunidades.

Sería correcto no distinguir entre liderazgos ejercidos por hombres y mujeres para no caer en estereotipos o paradigmas que poco a poco van quedando atrás. Sin embargo, esta “etiqueta” del liderazgo femenino nos sirve para identificar ciertos rasgos que nos distinguen y también para ayudar a muchas otras mujeres a reconocer su potencial. En mi caso,
prefiero decir “liderazgo en femenino”. Creo que no es una diferencia menor. Ese “en” implica un “siendo”, un transcurrir, un continuo, y no una categoría estática.

Hoy entendemos el liderazgo como verbo más que como sustantivo. Entendemos y vivimos el liderazgo como acción y como oportunidad de desarrollo individual y colectivo. Los líderes motivan e inspiran. En primer lugar, a sí mismos, como parte de un proceso de autoconocimiento y de descubrimiento de su propósito vital. Luego, a otros.
El liderazgo en femenino inspira y motiva a las mujeres a creer en sí mismas, a liberar su potencial, a trabajar por sus ideas sin condicionamientos, a ir por más rompiendo el “techo de cristal” y creencias limitantes sobre lo que correspondería “por ser varón o ser mujer”.

Una mujer lidera su espacio de vida cuando asume el compromiso y la responsabilidad de generar acciones creativas para su entorno, cuando gestiona procesos, cuando establece alianzas con otros para que sus objetivos sean de mayor impacto.

Lidera tu propio espacio

Pero, ¿Dónde ocurre este ejercicio del liderazgo para las mujeres? Desde el prejuicio, quizás pensamos que sólo sería posible en una empresa o en una organización. Claro, esa es una posibilidad. Sin embargo, te invito a leer el párrafo anterior pensando en cada una de esas acciones en el ámbito cotidiano del hogar. Un espacio que también requiere de una mujer líder. Muchas no se perciben así. Nunca se pensaron como líderes allí. Y sin embargo lo son. En el interior de cada casa podemos cultivar el liderazgo en femenino poniendo en valor lo mucho e importante que allí sucede. Y la cantidad de competencias que una mujer pone en juego en ese espacio íntimo y único de la dinámica familiar.

Hay que reconocerlo. El liderazgo en femenino también ocurre en cientos de organizaciones informales y en redes que espontáneamente las mujeres construyen para estar al servicio de los demás. Desde comedores infantiles a servicios profesionales de alto nivel que se van integrando co-mirada femenina para ocupar espacios a los que no llegan otros actores sociales. Allí hay mujeres tomando decisiones, gestionando recursos, organizando equipos.

Aparece también la oportunidad del liderazgo en los ámbitos laborales más diversos: la escuela, el comercio, el emprendimiento personal, la administración. Sin dudas, el ámbito ejecutivo también es el campo en el que las mujeres hacen cada vez más visible su liderazgo, asumiendo roles directivos y de alta gerencia que implican responsabilidades y dedicación antes sólo asignadas a los varones.

Por eso, el momento es ahora, en ese lugar preciso en el que cada una esté, para tomar la decisión de dar un paso al frente y empezar a trabajar por una visión. Liderar el espacio personal implica reconocer que allí donde estamos, más allá de un cargo o un rol jerárquico, podemos provocar el cambio y contribuir a hacer de ese espacio un lugar mejor.

El valor del liderazgo en femenino

Desde distintas disciplinas, los expertos señalan lo que las mujeres aportamos al liderazgo y a los resultados que conseguimos cuando estamos siendo líderes. Podemos identificar algunos de los rasgos que hacen que el liderazgo vivido en femenino sea enriquecedor:
● Capacidad de resolver situaciones de crisis. Las mujeres pensamos y actuamos en muchas dimensiones al mismo tiempo con naturalidad. En una crisis, esto resulta de alto valor.
● Mayor creatividad y adaptación al cambio. Somos flexibles, con capacidad de revisar nuestros apegos emocionales y avanzar hacia nuevos escenarios. Nos damos más fácilmente el permiso de cuestionarnos.
● Mayor inclusión de la diversidad y mayor colaboración. El estilo de gestión de las mujeres es más horizontal, participativo, dialogado. Potenciamos el “aprender con los demás” y nos preocupa el bienestar emocional.
● Mayor orientación a las personas. Las mujeres manifestamos más cercanía, somos más expresivas y esto, en una organización o en un equipo, favorece la confianza y el cuidado de unos hacia otros mientras trabajamos por objetivos comunes.

Como todo proceso, la construcción del liderazgo en femenino tiene sus claroscuros. Aún hay mucho por hacer para que las mujeres -en cualquier lugar del mundo- contemos con igualdad de derechos, acceso a la educación y a puestos laborales y remuneraciones iguales a las de los varones para compensar las mismas tareas. Todas estas condiciones alentarían mucho más el ejercicio del liderazgo en las mujeres.
También lo haría el hecho de generar organizaciones y empresas más amigables con los valores femeninos, que contengan y respeten el particular universo de la mujer que en muchos casos incluye la maternidad o el cuidado de adultos mayores.
Por lo pronto, miles de mujeres trabajamos para empoderar a otras, acompañándolas a descubrir su valor, a encontrar su propósito y a enfocarse en las posibilidades que cada una puede abrir para sí misma y para los demás.

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Federico (Admin del blog de BTCJ)

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