Politizando los espacios de trabajo

“Militar”, un término tan utilizado en nuestros días. No solamente en aspectos y coyunturas socio-bélicas, sino más que nada en asuntos políticos sociales. “Militar” de “militancia social”, de adherir a un proyecto, a un partido, y brindar apoyo hacia aquella noble causa.

Las charlas de oficina en torno a la política suelen ser bastante comunes. Y más común aun es encontrar posturas totalmente diferentes y heterogéneas. ¿Cómo lidiar con aquellas conversaciones?, ¿conviene tocar asuntos tan sensibles y delicados en horario laboral?, ¿qué indicadores podemos observar en las personas, en el intento de convencer y/o defender sus posturas?

Es imposible separar al individuo de su propia identidad. No es posible forzar al empleado a despojarse de aquellas partes de sus fibras más íntimas para dejarlas fuera de la empresa. El individuo es parte de un todo, y, parte de ese todo, son sus ideologías (cualesquiera que sean).

Charlas de oficina

Las formas y modos que tenemos para abordar diferentes cuestiones, revelan en gran medida lo que en realidad somos en esencia. Por eso debemos tener claro que:

Nunca un perfil fundamentalista –por más convicción que demuestre- puede ser potable para un exitoso grupo de trabajo, teniendo en cuenta la heterogeneidad que naturalmente coexiste entre todas las partes.

Nunca el proselitismo desmedido y caprichoso puede significar un verosímil deseo de bienestar hacia el prójimo, en el afán de convencer a la otra parte, sin tomar en cuenta respetuosamente las perspectivas de los demás.

Una de las cualidades interpersonales más básicas del ser humano son el respeto y la tolerancia hacia los otros, independientemente de las ideologías. 

¿Por qué alguien reaccionaría con violencia, cinismo o soberbia, a la hora de hacer valer su postura política?, ¿quizá sea un mecanismo para preservar su identidad?

¿Por qué haría falta recurrir a la agresión para poder expresarse?, ¿quizá sea una técnica de persuasión?, ¿tal vez para no demostrar debilidad?, ¿a lo mejor cueste reconocer no tener qué contestar o simplemente admitir que se desconoce la repuesta?

Todas estas preguntas dejarían de existir si la aceptación hacia los demás se practicara con más frecuencia y se tomara con más seriedad.  

En épocas de fragmentación, donde la sociedad suele encaminarse hacia un “blanco” o “negro” determinista, activando para un “equipo” o defendiendo una “bandera” tal cual batalla en tiempos de guerreros, no suele ser una vertiente tan factible, y comprender este concepto se torna una tarea bastante poco habitual.

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Alan Owsiany

Alan Owsiany es Consultor Psicológico (Counselor). Desarrolla su actividad profesional en distintas instituciones educativas, como así también, en consultorio privado. Escribe artículos sobre psicología y educación para diferentes medios gráficos y digitales.

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