CUANDO LA MUJER ES LA JEFA

Está claro que en la historia de la humanidad el poderío político, económico y social ha sido conservado por el hombre y eran excepcionales las mujeres destacadas que lograban liderar en algunas de esas vertientes de poder.

Mujer sonriendo con café en mano

Más aún, reclamar una posición jerárquica o algún derecho estaba vedado y hasta penado con la muerte. Recordemos que en la edad media quemaban a las mujeres que generaban conocimiento por considerarlas brujas.

Existe un término: “techos de cristal” que se popularizó como “representación del bloqueo sistémico que experimentan las mujeres para su participación en el proceso de toma de decisiones, tanto en la esfera empresarial, como en los asuntos públicos”[1].

Sin embargo, existió, y sigue haciéndolo en la actualidad, un caso en el que la mujer si o si heredaba el máximo poder, que es el de la monarquía. De esta forma reinaron mujeres desde hace siglos atrás y hasta el presente. Ejemplo de ello es la Reina Isabel II del Reino Unido. Su situación me pareció muy interesante de analizar luego de haber visto la serie “The Crown”, que está dando que hablar al mundo del entretenimiento, ya que  si bien la vida que se muestra en la pantalla chica nunca refleja con exactitud la realidad de las personas; es interesante ver el cambio que generó el acceso al poder monárquico  en una muy joven e inocente dama.

La dureza que la Reina tuvo que forjar en su interior para afrontar a primeros ministros como Churchill o mismo en su vida privada para lidiar con un marido a quien le costaba soportar que siempre caminaría detrás de su mujer;  hicieron que se transformara en una mujer coraza, dedicada a su vida como monarca y deslindándose en lo absoluto de asuntos personales como la crianza de sus hijos.

Otro caso que me llamó mucho la atención y que muestra  a la mujer accediendo al poder político es el que plantea la serie danesa “Borgen”, en la cual la protagonista llega a ser la Primera Ministra de su país. Esta serie permite ver claramente lo difícil que resulta para una mujer ser “jefa”. No sólo en el ámbito laboral, en el que está mayoritariamente rodeada por hombres a los que no les gusta recibir órdenes provenientes del sexo opuesto; sino en su ámbito familiar. Es muy interesante observar como el marido, quien la estimula y apoya para llegar al puesto de primera mandataria, luego se ve abrumado con la idea de tener que ocuparse del cuidado de sus hijos y la organización del hogar y decide separarse. Esta situación de malestar familiar severo , sumada a las presiones que debe afrontar siendo una mujer que da órdenes a ministros hombres, generan un cambio en la personalidad de la protagonista que comienza siendo una mujer simpática y de poco carácter a ser una gobernante dura e implacable en sus decisiones, tanto laborales como familiares.

La pregunta que me hago en relación a esto es: ¿porque un marido no puede soportar que su esposa tenga un puesto de liderazgo y que ello le consuma más tiempo de trabajo que el promedio? Acaso ¿todavía la mujer tiene que esperar en la casa a que llegue su marido con las pantuflas y la cena lista?. Lamentablemente en muchos casos sí. A los hombres les cuesta que la mujer sea jefa y que aquel dicho “Detrás de un gran hombre hay una gran mujer” sea triturado por la realidad y el avance de las sociedades.

Tengamos en cuenta que el poderío masculino en el ámbito laboral sigue siendo firme y que hay mucho “menor proporción de mujeres en cargos de decisión, tanto en el sector privado, como en el público.

En el primero, se observa que los varones concentran los puestos directivos y de jefatura en la enorme mayoría de los sectores analizados –con excepción del sector de servicios sociales y servicios a las personas, en donde las mujeres son mayoría en los cargos de jefatura de administración En el sector público el patrón es similar, a pesar de que cambios recientes en la legislación de la conformación de listas electorales para cargos legislativos, tanto a nivel provincial, como nacional, permite vislumbrar un cambio radical. Los cargos electorales ejecutivos, en cambio, no parecen ser pasibles de regulación.”[2]

Es por ello que creo que muchas veces las jefas mujeres son mucho más “complicadas” que los hombres, ya que una vez que accedieron a ese puesto deben “probar” su firmeza y autoridad ya que el poder es un bien preciado.   

“DELANTE DE UNA GRAN PERSONA,  HAY UNA GRAN MUJER”

Chica escribiendo en su laptop

Tomando la frase citada en los párrafos anteriores que ya resulta arcaica y por eso apelé a su trituración, lo importante es que la sociedad acepte que una mujer puede liderar un país, una empresa, un negocio o una institución y formar en su ámbito laboral a grandes hombres y mujeres. Si bien los cambios en cuanto a los accesos a derechos y puestos de poder de las mujeres no avanzan como lo hace la tecnología,  creo que lo importante es ir a paso lento pero seguro. 


[1]El Género del trabajo, entre la casa, el sueldo y los derechos”, Gala Díaz Langou Gimena de León José Florito Florencia Caro Sachetti Alejandro Biondi Rodríguez Matilde Karczmarczyk, Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Fundación CIPPEC, 2019.

[2] “El Género del trabajo, entre la casa, el sueldo y los derechos”, Gala Díaz Langou Gimena de León José Florito Florencia Caro Sachetti Alejandro Biondi Rodríguez Matilde Karczmarczyk, Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Fundación CIPPEC, 2019.

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Jesica Mednik

JESICA MEDNIK nació en Buenos Aires, en 1983. Es abogada recibida en la Universidad de Bueno Aires, con diploma de honor. Se ha desempeñado en su profesión hace más de 10 años. Ha realizado diversos cursos de especialización en la Facultad de Derecho y en el Colegio de Abogados de Capital Federal. En 2016 participó de taller de escritura brindado en AMIA y en 2018 se recibió de morá de Rikudim en el Seminario Rabínico.

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